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Agustina de Aragón

La mujer, el mito

Barcelona, 1786 – Ceuta, 1851

Vamos a compartir contigo el esfuerzo de identificar a una mujer de carne y hueso, con vida, alegrías, penas y sentimientos… separándola de la imagen que se ha proyectado de ella durante mucho tiempo, utilizada en ocasiones como símbolo de valores patrióticos. Intentaremos distinguir la PERSONA del PERSONAJE: captar y transmitir su vida más allá del mito en que esta mujer se ha visto convertida para la posteridad. Con Agustina, además, vamos a comprobar que, aun no habiendo nacido en Aragón, la fuerza de esa imagen es tan potente, es tan intensa esa vinculación con esta tierra y con sus gentes, representa de una forma tan viva a otras mujeres (estas sí, aragonesas de cuna)… que con todo mérito, la incluimos como aragonesa ilustre.

Vida

Agustina Saragossa Doménech nació en marzo de 1786 en el seno de una familia humilde, de trabajadores manuales del barrio de la Ribera de Barcelona. Sus padres, Pedro y Raimunda, procedían del pequeño pueblo leridano de Fulleda, donde al parecer la niña (que había sido bautizada en la iglesia barcelonesa de Santa María del Mar) pasó parte de su infancia. Con diecisiete años se casó con Juan Roca, cabo de artillería al que acompañaría en sus destinos (Mahón entre ellos).

De nuevo en la Península, tiene lugar la invasión francesa de mayo de 1808. Una vez tomada Barcelona por las tropas napoleónicas, su marido, ascendido a sargento, es enviado a luchar al Bruch (más tarde combatirá en la zona de Belchite), y Agustina, con su pequeño Juan, marcha a Zaragoza. El 15 de junio, las tropas de Lefebvre se presentan a las puertas de la ciudad e inician un ataque que, tras la encarnizada resistencia y después de verse obligados a reorganizarse tras la derrota en Bailén, abandonarán a mediados de agosto. Es en ese primer sitio, frustrado para los invasores, en el que se sitúa el gesto de la joven catalana. Al parecer, ayudando en el avituallamiento de los defensores en la zona del Portillo, arrebató de las manos de un artillero moribundo una mecha y prendió un cañón de 24 libras, repeliendo el asalto y batiéndose en retirada los atacantes. Dicen que el general Palafox presenció la escena y que le concedió puesto de artillera, con su paga correspondiente, que Agustina se ganaría accediendo al rango de sargento.

El 21 de diciembre, las tropas francesas vuelven a sitiar Zaragoza. Esta vez de forma mucho más decidida. Agustina siguió luchando junto a Casta Álvarez o a Manuela Sancho, a las órdenes de Sangenis o de Renovales, con los escuadrones de Numancia o con los voluntarios de Aragón, en las murallas y fuera de ellas… hasta que la peste la retira de la primera línea. Cuando la ciudad capitula, es hecha prisionera y enviada hacia Francia con su hijo de cinco años. Entre penurias, enfermedad, fatiga y hambre, el niño muere al llegar a la localidad soriana de Ólvega y ella consigue escaparse en tierras navarras hasta llegar a Teruel, donde la Junta de Aragón le permite ir a Sevilla. Ahí, la Junta Central le reconoce sus méritos y le asciende al grado de subteniente. En Cádiz conoce al general Wellington pero siente que debe volver al combate.

Heroína

A finales de 1810 estaba sirviendo en una batería en la defensa de Tortosa donde, de nuevo, fue apresada por los franceses y, nuevamente huida, se sabe de su participación como artillera en la batalla de Vitoria en 1813. Terminada la guerra se reunió con su marido en Zaragoza, donde supo que el rey le había otorgado, entre otros honores, un sobresueldo que no dejaría de percibir hasta el final de sus días. El matrimonio vuelve a Barcelona, donde en 1818 nace Juan, llamado como el hermano fallecido unos años atrás. El marido de Agustina contrae la tisis y morirá en 1823. Con 37 años, Agustina queda viuda y en poco menos de un año se vuelve a casar con el médico almeriense Juan Cobos, con quien vive en Valencia y con quien tendrá una hija: Carlota.

Poco después la familia se traslada a Sevilla, donde el hijo de Agustina estudia la carrera de Medicina, que ejercerá hasta su muerte en 1885. En 1847, Carlota se casa con un militar destinado en Ceuta, y Agustina, que se había distanciado de su marido desde que este decidiese abrazar la causa carlista, decide trasladarse con su hija a la ciudad norteafricana. Ahí vivirá sus últimos años, hasta su muerte a causa de una afección pulmonar el 29 de mayo de 1857.

Quince días más tarde, el Ayuntamiento de Zaragoza reclamaba sus restos. En 1870, una comitiva acompañó el féretro, al que se rendirían honores militares en Cádiz, Sevilla y Madrid, hasta su llegada a la capital aragonesa, a la basílica del Pilar. En 1909 los restos de Agustina de Aragón, la artillera, fueron trasladados a la iglesia del Portillo. Ahí descansa, junto a otras heroínas, cerca del lugar en el que abrió fuego frente a las tropas napoleónicas. Una escultura de Mariano Benlliure lo recuerda a los viandantes.

Referencias

Actividades didácticas

El marco histórico general. La Guerra de la Independencia

Lee este texto:

En 1789, se encendió en Francia una dinámica que alteró las estructuras del Antiguo Régimen, iniciando el ciclo de las revoluciones burguesas que durante el siglo XIX irán asociadas a la imposición del liberalismo. La Revolución francesa se apoyaba en gran medida en las ideas de la Ilustración, con predominio de la razón, la ciencia y el conocimiento técnico. En España, esas ideas ilustradas habían inspirado políticas reformistas por parte de la monarquía absoluta, concebidas para prevenir, precisamente, estallidos revolucionarios como el que terminó sucediendo en Francia.

La Revolución francesa, por tanto, provocó una reacción de defensa de monarquías como la española, que fueron dejando de lado esas políticas ilustradas. Mientras, en Francia, los acontecimientos se precipitaban: resistencias y guerra civil, cambios de sistema de gobierno, conflictos internos, la decapitación de los reyes, diferentes liderazgos y traiciones… acompañaban a tiempos convulsos que, sin embargo, también vieron desarrollarse ideas que anunciaban un nuevo marco: la pérdida de privilegios de las clases dominantes, la extensión de derechos a otras clases sociales, la administración racional, las ideas modernizadoras de la Ilustración… Muchos franceses pensaban que esos avances eran universales, que solo podían desarrollarse en un ámbito global: por tanto, para sobrevivir, la Revolución necesitaba extenderse a otros países.

Así, Francia puso en marcha una potente maquinaria de guerra que le enfrentó a muchos países de Europa (por ejemplo, mantuvo con España la llamada guerra de la Convención). Uno de sus generales, Napoleón Bonaparte, aprovechó el prestigio ganado en campañas militares y, con gran habilidad política, se puso al frente del Estado, llegando a proclamarse emperador. El Imperio recuperaba formas de la monarquía y aparentemente traicionaba el espíritu revolucionario, pero contribuía eficazmente a extender esos principios asociados al progreso y consagrados a la libertad y a la igualdad. El problema es que la imposición de esos principios por la fuerza de las armas no era, precisamente, la mejor de las formas.

En los primeros años del siglo XIX, España atravesaba una situación de crisis económica, social y política. Napoleón aprovechó la debilidad de las instituciones, la división interna entre las clases poderosas (e incluso de la propia familia real) para convertir lo que era un permiso de paso para que sus tropas se dirigieran a conquistar Portugal… en una invasión en toda regla. En multitud de lugares, se constituyeron Juntas para organizar la defensa, el pueblo se rebeló, hubo respuestas de todo tipo…

Sin entrar en demasiados detalles, estos párrafos ponen en antecedentes y explican qué fue lo que llevó a las tropas francesas a plantarse delante de las murallas de Zaragoza. Busca información. ¿En qué otras ciudades o lugares hubo resistencia a la presencia de tropas francesas? ¿Hubo algún tipo de organización centralizada?

Muchas personas de talante ilustrado y liberal compartían en su fuero interno los principios de la Revolución francesa, los derechos y libertades ciudadanas que esos principios decían defender… pero la brutalidad y las arbitrariedades de las tropas napoleónicas no podían dejarles indiferentes y fueron muchos los que, pese a todo, plantaron cara al invasor. En esa resistencia coincidieron personas de ideas y condiciones muy diferentes. Todos ellos “patriotas” como defensores de su país y de su paisaje, con un concepto de “patria” mucho más rico que la que a veces se da a entender: la idea de “patriota” como defensor de la monarquía, la religión, las tradiciones y el orden entendidos al modo absolutista, frente a lo maligno que representaba el enemigo… fue por desgracia la idea que imperó con el retorno de Fernando VII tras la retirada de las tropas de Napoleón. La represión de este rey absolutista afectó a muchos liberales que se habían enfrentado a los franceses y a los que ahora se acusaba de “afrancesados”.

Busca información sobre la Constitución de 1812. ¿En qué ciudad se aprobó? ¿Cómo la definirías: democrática, liberal o absolutista? ¿Durante cuántos años estuvo vigente? ¿Influyó sobre alguna otra constitución? Elige algún punto que te llame la atención.

Es cierto que hubo muchos “afrancesados” en lugares (especialmente ciudades) y momentos en los que los franceses se impusieron e instalaron su administración. Desde quienes hacían negocio con esta presencia extranjera hasta quienes creían sinceramente en esos principios revolucionarios de progreso y modernidad, pasando por quienes aceptaban los hechos consumados con resignación como modo de supervivencia. No era fácil la convivencia con todo ello. Nuestro genio Francisco de Goya, de ideas liberales, no vio con malos ojos la intervención francesa en la política española… hasta que fue consciente de las barbaridades producidas, que de forma tan desgarradora plasmó en su serie de grabados “Los desastres de la guerra”. Más tarde, tras la llegada de Fernando VII, pintó sus famosos cuadros del 2 y el 3 de mayo como “desagravio”. ¿Afrancesado? ¿Liberal? ¿Patriota a su manera y desde su parcela? ¿Simplemente humano? ¿Qué piensas?

En ciudades como la Zaragoza que capituló en febrero de 1809, la población exhausta, enferma y hambrienta no tuvo más remedio que aceptar el orden triunfante, la dominación francesa, que duraría unos años más. Pero antes de eso, se había resistido sin descanso.

El marco histórico local. Los Sitios de Zaragoza

Si vives en Zaragoza, te proponemos una actividad: Identifica estos lugares sobre un plano de la ciudad, busca qué relación tienen con los Sitios, y diseña el itinerario de un paseo para una mañana de domingo, una tarde primaveral… o cualquier otro momento.

      • Plaza del Portillo
      • Puerta del Carmen
      • Plaza de los Sitios
      • Torre Nueva (plaza de San Felipe)
      • Puente de Piedra
1: Monumento e iglesia donde están enterradas varias heroínas; 2: testigo de acciones militares importantes, es un importante lugar de memoria; 3: monumento a los Sitios; 4: (ya no existe) era el lugar desde el que se vigilaban las acciones de los sitiadores y se alertaba a la población; 5: cruz en memoria de Boggiero, Sas y Warsage.

Hay más sitios todavía, a lo mejor puedes intentar ampliar el recorrido….

Si no vives en Zaragoza, puedes buscar información sobre aspectos de la Guerra de la Independencia (qué pasó, si hubo algún conflicto, etc.) en tu localidad, en tu comarca, en algún lugar cercano…

En medio del desconcierto, en Zaragoza, el 24 de mayo es apresado el capitán general de Aragón, Guillelmi, acusado de contemporizar con los franceses que se acercan a la ciudad. Un grupo de labradores del Arrabal y de San Pablo, con el Tío Jorge y Mariano Cerezo al frente, piden al general José de Palafox que se haga cargo de la situación. Ante el vacío de poder, con las instituciones centrales colapsadas, convoca Cortes de Aragón (que llevaban más de cien años sin reunirse) y dispone el mando militar de las principales localidades aragonesas en gentes de su confianza. A mediados de junio, las tropas del general Lefebvre, procedentes de Pamplona, vencen las resistencias en Tudela, Mallén y Alagón y llegan a las puertas de Zaragoza.

Aquí nos vamos a encontrar ya a Agustina Saragossa en acción. A ella y a mucha más gente, claro. Busca en el recurso recomendado (al inicio de estas propuestas) la herramienta “Los héroes de los Sitios”, lee esas biografías y selecciona al personaje que más te haya interesado (al margen de Agustina, cuya biografía ahí, por cierto, contiene algunos errores). Razona tu elección.

Si has consultado ese recurso que recomendamos, podrás unir cada “heroína” de los Sitios con una característica de la otra columna:

1.- María Agustín                                                                           a- Convirtió su palacio en hospital

2.- Casta Álvarez                                                                           b- Se destacó en la defensa del convento de San José

3.- María de la Consolación Azlor                                            c- Dirigió el hospital de Nuestra Señora de Gracia

4.- María Rafols                                                                             d- Era de la parroquia de San Pablo

5.- Manuela Sancho                                                                     e- Combatió en la zona de la Puerta de Sancho

Soluciones: 1-d, 2-e, 3-a, 4-c, 5-b

 

En el libro de José Luis Cano Las sitiadas, que citamos entre las referencias, se nombra a otras mujeres que tuvieron una presencia importante en los sucesos de 1808 y 1809 en Zaragoza: Josefa Amar (a quien ya conocemos por otras cosas), María Blánquez, Josefa Buil, Juliana Larena, María Lostal, Benita Portolés y María Manuela Pignatelli (duquesa de Villahermosa), quienes, entre muchas más (Catalina de Mondragón, Josefa Vicente, etc.), merecen recuerdo y reconocimiento.

Lugares de memoria, recreacionismo histórico, nombres de calles… los Sitios de Zaragoza evocan muchas cosas y se proyectan en nuestro presente.

Mujeres en pie de guerra

Vámonos a tiempos anteriores. Busca información sobre estas tres mujeres: Boudica, Juana de Arco y María Pita. ¿A qué momento histórico pertenece cada una? ¿En qué lugares actuaron y son hoy día mitificadas?

Los estudios e investigaciones sobre aspectos sociales y de género en la Guerra de la Independencia (y en otros momentos históricos) han evolucionado mucho. No se quedan exclusivamente en acciones militares, sino que se extienden en análisis más amplios, sobre el propio papel de la mujer en la sociedad, como actriz principal y determinante.

Te ayudará a entender mejor la propia peripecia de Agustina de Aragón, al ponerla en un contexto mucho más amplio.

Lo cierto es que, de Agustina de Aragón, poco suele conocerse más allá de su hazaña durante el primer sitio de Zaragoza en 1808. En la biografía has visto que hizo muchas más cosas, pero no se les ha dado demasiada importancia, y además… sobre la propia vida de esta mujer siguen circulando noticias muy extrañas y contradictorias.

Agustina extrañada

Todo lo que rodea a Agustina de Aragón mezcla la realidad y la ficción, la persona de carne y hueso y el mito, la mujer y el símbolo. Aquí hemos señalado un itinerario vital que hoy día aparece bastante despejado, pero ha habido relatos “alternativos” que despistan y que, en muchos casos, se mezclan entre sí y con los hechos reales, con lo cual nos encontramos con un lío difícil de desenredar.

Unos relatos cuentan, por ejemplo, que nació en Reus (ciudad no demasiado lejana del pueblo de sus padres), y en ocasiones se ha hablado de un primer hijo fallecido muy pequeño, antes de que Agustina recalase en la capital aragonesa. Pero el infeliz Juan vivió con su madre en la Zaragoza sitiada para morir, como hemos contado, durante la penosa marcha de madre e hijo como prisioneros de los franceses. Agustina daría a luz más tarde a otro niño, llamado también Juan en recuerdo del hermano fallecido, y su marido, Roca, moriría como teniente en 1823.

Porque esa es otra… en algunos lugares se señala que su primer marido murió en los inicios de la guerra en Barcelona y que ella llegó a Zaragoza nuevamente casada o siguiendo a un capitán, un tal Luis de Talarbe que, atención, ¡nunca existió! Incluso se ha llegado a mantener que el artillero al que Agustina sustituye en la acción del Portillo es su amado. Al equívoco contribuyen anécdotas como la que, al parecer, se dio poco tiempo después de los sucesos de Zaragoza, cuando Agustina pasó unos meses en Andalucía y otra mujer se hizo pasar por ella confundiendo a los demás con acciones poco ejemplares.

Agustina Saragossa también se ha visto involucrada en algún que otro guion digno de telenovela. Se ha llegado a decir que, tras instalarse con Talarbe en Valencia, supo que el primer marido al que había dado por muerto, Juan Roca, estaba vivo y le reclamaba volver con él. Agustina fue salomónica y decidió alejarse de ambos. Cuando le llegó la noticia de que, ahora de verdad, el primero acababa de fallecer, intentó retornar con Talarbe, pero este, que había marchado a América, se casó ahí. Y entonces ella se retiró a Ceuta emparejada con un médico, Cobos, mucho más joven que ella.

Parte de esta confusión podemos explicarla en el seno de la propia familia de Agustina. Su hija, Carlota Cobos, publicó en 1859 una novela, La ilustre heroína de Zaragoza, en la que mezcla ficción y realidad en torno a su madre, fallecida poco tiempo atrás. Ahí aparece Talarbe, quien (según investigaciones de Ana María Freire) podría corresponder al militar José Carratalá, cuya hoja de servicios indica coincidencia con Agustina en el segundo sitio de Zaragoza y en otros destinos posteriores, desde su apresamiento y huida camino de Francia, pasando por acciones militares en Tortosa y Vitoria. Por la razón que fuese, a Agustina (que en sus últimos años estaba al tanto de la redacción de la novela) le agradaba que su hija hiciese ese guiño y se inventase una vida “alternativa”, de novela.

Ya sabemos que el fenómeno viral afecta también a la propagación de falsedades… y esto explica en parte que los datos erróneos acerca de la vida de Agustina de Aragón sigan campando a sus anchas.

Agustina, personaje romántico escindido en dos

De nuestra protagonista se ha difundido un doble recuerdo:

  • La heroína de los Sitios, utilizada por la propaganda, por la épica de España frente al invasor, de defensora de la tradición que los enemigos quieren destruir.
  • La mujer contradictoria, inconstante, dada a los devaneos sentimentales…

La primera Agustina ha protagonizado novelas, obras de teatro, zarzuelas, películas…

Busca información acerca de la película Agustina de Aragón (1950, dirigida por Juan de Orduña, protagonizada por Aurora Bautista).

¿Tiene algo que ver el argumento con nuestra biografía? De nuevo contemplamos mezcla de ficción y realidad, que, si se “vende” como tal, no tiene nada de malo. ¿Qué tipo de gobierno había en España en 1950? ¿Crees que películas como esta obedecen a intereses de algún tipo?

¿Qué te llama la atención de la imagen de Agustina? Es un elemento de debate, porque los límites entre una mujer sexualizada y dominante (“superviviente en un mundo de hombres”), sujeto y objeto… no están tan claros, y caben opiniones muy diversas.

La ficción está bien: nos entretiene, enriquece nuestras experiencias, y podemos apreciarla con perspectiva dentro de un contexto. El problema es cuando a las fantasías se les da categoría de verdades, cuando la ficción interviene de tal forma que contamina la realidad. Cuando la idea heroica está demasiado gastada, hay quien confunde “humanizar” con otras cosas. Y entonces, por ejemplo, puede entrar en acción la segunda Agustina.

A la heroína se le ensalza, se le glorifica. Pero la mujer, presa de sensacionalismo, se le vende como promiscua. La escritora Ángeles de Irisarri ha hablado de una leyenda blanca y otra negra, en torno a Agustina: “aún no había bajado del bastión del Portillo y ya se decían cosas [como que] que estaba embarazada (…). También se decía que iba en un carro con un montón de prostitutas, como madama…”.

El diario ABC abre un contenido del 29 de mayo de 2017 con este titular: “La azarosa poligamia de Agustina de Aragón”. La noticia prosigue: “Heroína en la resistencia zaragozana contra las tropas de Napoleón, estuvo casada con dos hombres a la vez, dejó a los dos y se casó con un tercero, todos ellos militares”.

Aparte de que eso sea mentira, y más allá de lo importante que para todo ser humano es su vida afectiva y sexual…  hay otras cosas que nos deberían llamar más la atención de Agustina de Aragón. ¿Se te ocurre qué cosas pueden ser esas?

Por ejemplo, hizo mucho más que encender una mecha, fue una profesional que se ganó la vida con un oficio ligado al mundo militar. Sacó una familia adelante, se sobrepuso a adversidades…

Agustina Zaragoza, catalana eternamente ligada a Aragón y mujer cosmopolita que vivió e hizo suyos muchos lugares… es una imagen, un impulso, un tesón. Bajo su efigie podrían alinearse cientos, miles de mujeres, que en una situación límite, en situaciones de amenaza y agresión, se levantan y plantan cara. Pero también a las que sufren en silencio un maltrato o un ninguneo.

Para cerrar… un consejo de Agustina

La valentía, el arrojo, la heroicidad… en el fondo son conceptos muy volubles, que es muy fácil inflamar o encoger. Quizá más que personas valientes, debamos hablar de actitudes valientes. Quizá el héroe, la heroína, está dentro de uno mismo, de una misma.

Aragoneses ilustres, ilustrados e iluminados

Descarga desde este enlace el PDF de la publicación Aragoneses ilustres, ilustrados e iluminados, de Antón Castro y José Luis Cano, editada por el Gobierno de Aragón en 1993.

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